Diario de Viaje a los Fiordos (y III): Noruega

Os presentamos la última parte del diario de viaje a los Fiordos donde recogemos nuestros recuerdos por Noruega.

05/09: Oslo – Geilo

Tras atracar en el puerto de Oslo y pasar por un lento control aduanero, nos dirigimos a realizar la panorámica con nuestro autobús, conducido por Martin, quien nos acompañaría en los siguientes días.

Nuestra primera parada fue la nueva Ópera de Oslo, un edificio recientemente diseñado por el estudio de arquitectura Snohetta. Se trata de edificio en la orilla, en la que la gente puede caminar por parte de su cubierta, donde también se suelen realizar eventos en los meses estivales.

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Ópera de Oslo.

La siguiente visita fue el Parque Vigeland, que toma el nombre del escultor que lo decoró. Durante esa visita fue el único momento en el que la lluvia hizo su aparición, lo que entorpeció algo la contemplación de las obras aunque no nos impidió realizar un paseo entre sus parterres floridos. Pudimos ver el niño enfadado, en el puente, el gran obelisco y la rueda de la vida entre algunas de las esculturas.

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Puente del Parque Vigeland.

Por último, fuimos a la península de Bygdoy, sede de varios museos y donde pudimos entrar al de los barcos vikingos. En el interior nos esperaban tres naves bien conservadas, donde nos pudimos sorprender con sus detalles e imaginar su uso. También estaban expuestos varios trineos y una carreta ricamente decorados con madera tallada e igualmente bien conservados. En las vitrinas laterales se encontraban objetos cotidianos, como zapatos, y otras piezas de madera tallada.

Tras hacer una pequeña parada en la tienda del museo nos dirigimos hacia el restaurante Jensen Bofhus, donde pudimos degustar un rica carne de ternera como plato principal antes de volver al autobús para emprender el traslado a Geilo, donde llegamos poco antes de cenar.

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Uno de los barcos del museo de barcos vikingos.

En Geilo nos albergamos en el hotel Bardola, un pintoresco establecimiento cerca de una estación de esquí y decorado con muebles de otras épocas delas inmediaciones. Allí pudimos cenar tranquilamente y descansar rodeados de un bello paisaje.

06/09: Geilo – Bergen – Myrkdalen

Como todos los días, nos encontramos tras el desayuno, en esta ocasión para dirigirnos hacia Bergen. Nos esperaban varias horas hasta llegar pero el paisaje merecía la pena ya que íbamos bordeando el fiordo de Hardanger. Además del maravilloso enclave natural, también nos sorprendió algunos de los túneles, con rotondas dentro de ellos, y el puente de Hardanger, uno de los más recientes de Noruega.

Nada más llegar a Bergen nos dirigimos al restaurante Bryggeloftet & Stuane, donde nos recibieron muy agradablemente antes de servirnos una apetecible sopa de marisco y un muy bien cocinado salmón. El sitio era el propicio para comer pescado, cerca del puerto pesquero y en una ciudad volcada al mar durante toda su historia.

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Alejandro haciendo la foto de grupo en el mirador de Bergen.

Como el tiempo estaba algo inestable y parecía que podía llover, nos encaminamos hacia el Floibanen, el funicular que nos llevaría hacia el mirador de la ciudad, donde afortunadamente pudimos tener unas maravillosas vistas y hacernos una bonita foto de grupo. Tras tener unos minutos de tiempo libre, volvimos a la parte baja para visitar el mercado de pescado, donde los más aventurados pudieron probar la carne de ballena.

Después de esta visita fuimos a Bryggen, un conjunto de casas de madera de los comerciantes, reconstruida en el siglo XVIII tras el incendio de la ciudad de 1702. Dentro del barrio destacan los colores de las fachadas, las grúas de las calles interiores y los suelos de madera. Junto a las fachadas pudimos hablar de la Liga Hanseática, una liga comercial internacional en el norte de Europa, con orígenes medievales, lo que hace que sea una de las ligas internacionales pre-capitalistas más antiguas del mundo.

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Visita a Bryggen.

Tras pasear libremente por sus calles volvimos a nuestro autobús para dirigirnos a Myrkdalen, donde nos hospedamos en el hotel del mismo nombre e, igual que el día anterior, estuvimos junto a una pista de esquí que nos brindaba unas maravillosas vistas sobre la naturaleza.

Tras cenar en el restaurante del hotel  e intercambiar unas amistosas palabras con el personal de origen español, nos dispusimos a descansar para recuperar las fuerzas y continuar nuestro viaje.

07/09: Myrkdalen – Fiordo de los Sueños – Oslo

Nos dirigimos hacia la localidad de Gudvangen para tomar un ferry que nos llevaría a través de uno de los brazos del Fiordo de los Sueños, el más profundo de todos los fiordos, lo que permite la navegación de buques de gran calado. La mañana estaba nublada y esto nos permitió contemplar un fiordo que atrapaba las nubes a su paso para dejar entrever cascadas que sorteaban las escarpadas paredes rocosas buscando salir al agua.

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Contemplando el fiordo de los Sueños desde la popa del barco.

Íbamos entre proa y popa intentando no perdernos ningún detalle y hacernos todas las fotos posibles para tener un grato recuerdo a nuestro regreso. Tras unas dos horas de navegación llegamos a la localidad de Flam, una pequeña y pintoresca localidad donde tuvimos algo de tiempo para perdernos por sus pocas calles, realizar algunas compras y probar la cerveza Aegir, destilada en el bar de la ciudad.

Aegir es el dios del mar en la mitología nórdica, un jotún o gigante, en cuyo palacio las paredes estaban recubierta de oro y había una fuente donde no paraba de brotar la cerveza, de ahí el nombre de la cervecería de Flam.

Después de almorzar volvimos a nuestro autobús para dirigirnos hacia Oslo y donde pudimos pasar por el túnel de Loerdal, de unos 24,5 km de longitud. Antes de llegar a la capital noruega nos esperaba una de las visitas más sorprendentes: la iglesia de Borgund.

Se trata de una stavkirke (iglesia sobre pilares) que data de hacia el 1200 y que se encuentra en su emplazamiento original. Según la dedrocronología los troncos de sus pilares principales fueron cortados hacia 1180, lo que permite su datación aproximada.

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En la ley del Gulating, una asamblea creada en Gulen con poderes legistivos y judiciales en el siglo IX. La conformaban una serie de hombres notables de diversa procedencia, elegidos por el rey, y que representaban los intereses de las localidades de donde provenían.En la universidad de Copenhague se conserva un manuscrito del siglo XIII bastante bien conservado. En el capítulo XII menciona a las stavkirke:

Si un particular construye una iglesia, sea noble o campesino, o sea quien sea quien construya la iglesia, debe mantenerla en pie y evitar que su basamento se arruine. Pero si la iglesia se pudre y los postes esquineros se caen, él tendrá que llevar madera en un plazo no mayor a doce meses; si no hace esto, pagará tres marcos de multa al obispo y de todos modos llegará con troncos para levantar la iglesia.

La nave principal, con su pequeña torre escalonada fue lo primero en construirse y ponerse bajo la advocación de San Andrés, lo que justifica la decoración en aspa de su balaustrada. Posteriormente se añadió la cabecera y el deambulatorio exterior, y ya en el siglo XVI, el retablo y el púlpito que decoran el interior.

La decoración era escasa dentro de la iglesia, pero la propia arquitectura era suficiente para dejarnos boquiabiertos. En el exterior, destacan los relieves de la portada de los pies y algo menos los de la portada lateral, que conserva algunas inscripciones rúnicas.

Junto a ella, se conserva su campanario, una torre con bastante espacio en la parte inferior donde se podían almacenar algunos bienes, y una nueva iglesia también de madera, construida en 1868, tras una ley que obligaba a clausurar todas las parroquias que no pudieran dar capacidad al 10% de su feligresía.

Tras finalizar la visita volvimos a la carretera hasta llegar al Scandic Victoria, nuestro último hotel del viaje. Allí realizamos nuestra última cena, en el restaurante que dispusimos para el grupo, y tuvimos la oportunidad de brindar con akvavit (agua de vida), una bebida típica de Escandinavia, por el buen viaje que habíamos tenido.

08/09: Oslo-Madrid-Sevilla

Él último día fue un día de viaje, pronto estábamos en el bonito aeropuerto de Oslo y el vuelo salió con puntualidad hacia el aeropuerto Adolfo Suárez, donde hicimos el transfer hacia Atocha. Como llegamos con antelación, dejamos tiempo para que los que tuvieran amigos y familias pudieran encontrarse antes de embarcar en el AVE con destino Sevilla-Santa Justa.

Fue el final del día y del viaje. Desde Aires Creativos SL esperamos que todo fuera de vuestro agrado y que hayáis podido disfrutar de las visitas y de nuestra compañía. Por nuestra parte, ha sido un placer viajar con vosotros.

¡Nos vemos en el siguiente viaje!

 

 

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